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martes, 10 de agosto de 2021

Zona de Fenómenos No Identificados

 

 

 

Proferir palabra, por el medio y forma que sea, es un riesgo y una traición para uno que se reconoce “en el borde de la realidad[1]. Asumo riesgo y traición como condición necesaria, pero también como virtud, para poder dirigirme a ustedes. Ustedes y yo seremos en adelante y siempre un matrimonio de acuerdos y desacuerdos mutuos – ya lo verán -.

He creado este blog (https://enelelqui.blogspot.com/) con la intención de que sea una “zona de fenómenos no identificados”. Esto es otra metáfora más - como lo es “el borde de la realidad” - del estado de realidad-irrealidad donde me encuentro existiendo. Insistiré en que cada palabra mía es conciente, intencionada y necesariamente una metáfora – es decir, un quid pro quo[2] -, y en concordancia con esta premisa y salvedad solicito sean acogidos en adelante – aunque también hacia atrás -, desde mis balbuceos absurdos e incomprensibles, hasta mis más claros e impecables silogismos.

 

¿Qué son los Fenómenos No Identificados (FNI)?

Este término y concepto que acabo de inventar pretende ser el rótulo temporal de una teoría innovadora y estimulante para el debate, que se adentra de una forma original en la inconmensurable zona gris y oscura que rodea a nuestra realidad tradicional (esto es, el sentido y experiencia fuertes de realidad[3]), en un degradé continuo, sin una frontera definida, hasta la experiencia y el sentido mismos de irrealidad. A esta experiencia humana totalizadora y suprema de existencia, la he concebido y nombrado como realidad-irrealidad[4], es decir, LO TODO.

Sin embargo, dado que el entender, y luego el aceptar (o no) mi teoría y experiencia de realidad-irrealidad no está al alcance de la mayoría de las personas, me avengo a abordar (temporal e inicialmente) estos temas desde una conceptualización y perspectiva tradicionales y establecidas, para su mejor comprensión. De ahí que he usado el rótulo “fenómenos no identificados”, pues ello lo entenderá de inmediato un público de la más variada condición. Si lo pusiera en palabras coloquiales, diría que se trata de todas aquellas cosas que NO son avaladas o aceptadas (como reales o verdaderas) por el conocimiento científico, por la experiencia común y corriente, por la conciencia de vigilia (o juicio de realidad), por una mente “sana” (sicológicamente), por autoridades validadas, por paradigmas de realidad preestablecidos, por creencias, etc.… Como se puede ver (y más), son muchos los filtros que se ha creado la Humanidad para establecer qué es “irreal” (falso, imposible, desconocido, etc.), y qué es “real” (verdadero, posible, conocido, etc.), pero también sin percatarse de cuán difícilmente sustentables y compatibles son unos respectos de otros. Por eso mismo es tan fácil que lo que es real o irreal para una persona, para otra sea justo lo contrario, o diferente. Un buen ejemplo de esto son los OVNIS, o, como los ha puesto de moda el Pentágono (2020), los denominados Fenómenos Aéreos No Identificados (UAP[5]). Me parece un avance que el oficialismo norteamericano modifique el viejo y reducido concepto de “objeto volador” (UFO) para abrir ESO a un concepto más amplio e indeterminado (“fenómeno aéreo”), pero que tampoco excluye fenomenológicamente (como real fenómeno aéreo) al objeto (aparato) material y tecnológico dirigido por algún tipo de inteligencia, extraterrestre, o del tipo que sea[6]; o incluso lo que sea.

Esta amplificación también es lo que busco con mi concepto de “fenómeno no identificado”, pero llevado a su máxima amplitud, a su máxima inclusividad, a su máximo dominio posibles - ¡sorprendente y difícil tarea! -. Primero, el término fenómeno me parece adecuado, pues significa (nominalmente) que el hecho en cuestión no es propiamente un hecho necesariamente objetivable, como sí lo es, por ejemplo, la observación del planeta Venus, o de un Boeing 737 en pleno vuelo. Un fenómeno, tal como lo define el diccionario de la RAE en sus dos primeras acepciones, es: “1. Toda manifestación que se hace presente a la consciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepción. 2. Cosa extraordinaria y sorprendente.”[7] Sin embargo, debe entenderse el fenómeno como “objeto de percepción”, no sólo en cuanto evento natural perceptible a través de los sentidos, sino también como toda experiencia de autoconsciencia y consciencia de los estados y eventos de la propia mente (autopercepción). ¿Cómo podrían no ser un fenómeno, por ejemplo, mis sentimientos, o mis recuerdos, o mis sueños? … De esta manera, cualquier contenido de la conciencia es un fenómeno, incluso aunque sólo exista como objeto mental, sin correlato en el plano físico perceptible. Este ámbito del concepto de fenómeno – como veremos - va a ser clave para la propuesta original e innovadora de mi tesis.

De otra parte, especialmente interesante y relevante para mi propuesta me parece la segunda acepción del término. Y es que, toda vez que un fenómeno se nos presenta como “no identificado”, natural y especialmente lo experimentamos como “cosa extraordinaria y sorprendente”… Más aún, en general, la connotación síquica y mental del término fenómeno es más potente y determinante, que su connotación física y sensorial (hecho). Éste es otro ámbito conceptual y temático de gran importancia para mi tesis, ya que sostengo que siempre un hecho o cosa es más fenómeno que hecho o cosa, lo cual posee insospechadas y aún inexploradas consecuencias para el ser humano y para su experiencia y concepto de realidad.

Así pues, sin avanzar por ahora en un análisis más amplio y analítico de este linajudo concepto de fenómeno, concentrémonos en su relación y sentido con lo “no identificado”. Sin duda, el concepto de fenómeno no identificado puede entenderse de muchas maneras. Intentaré resumir aquí, a manera de introducción, qué es lo que propongo entender por ello. Dado que ya estipulé que iniciaré mi periplo exploratorio utilizando como punto de partida un paradigma cercano a la mayoría de mis eventuales lectores, entiendo por ahora lo “identificado”, como aquello que los poderes dominantes de nuestro conocimiento actual, es decir, las Ciencias y los agentes sociales de poder fáctico – político, económico, mediático, armado, etc. – validan y utilizan como debida y correctamente identificado, junto con todo su campo semántico concomitante, hasta su pretendido contrario: lo no identificado (o lo inidentificable), y todo su campo semántico asociado. Identificado, por ejemplo, resulta ser, en biología, las células nerviosas del cerebro humano; o, los compuestos químicos de una gota de agua de mar; o, la conducta social de un colectivo determinado… No identificado para este paradigma, por ejemplo, son ciertos artefactos voladores comúnmente denominados ovnis; lo mismo que pueden ser no identificados algunos eventos luminosos en la atmósfera o en el aire; o bien, un nuevo virus... Pero – recordemos -, dependiendo del paradigma desde donde se experimenta y procesa cognitivamente lo que es identificado o no identificado, como por ejemplo para un paradigma científico, para otro paradigma, como por ejemplo un paradigma religioso, o espiritualista, o cultural, o simplemente en su realización en un individuo particular, puede ser hasta completamente diferente.

Hasta hace unos pocos años el concepto de “no identificado” resonaba ampliamente en el ideario popular mundial asociado al fenómeno de los ovnis. Aunque esto está cambiando – hablaremos de ello en futuros artículos -, queremos conservar temporalmente esta asociación y su carácter ejemplar. Más aún, es precisa y sobresalientemente el fenómeno de los ovnis y sus tripulantes alienígenas lo que ha llevado a derivar el fenómeno y su comprensión desde hipótesis iniciales principalmente extraterrestres (HET)[8], a una complejidad y heterogeneidad crecientes, que en los últimos años ha desembocado en teorías abiertas, integradoras y totalizadoras bien documentadas y plausibles, las cuales plantean la unificación fenomenológica, psicológica y ontológica – con algún tipo de naturaleza común y universal - de todo fenómeno no identificado para el paradigma científico y el sentido común natural humano, como un criterio marco mucho más verosímil, promisorio y justificable, que cualquier otro previo. Es decir, tras el fenómeno de los ovnis y de los alienígenas, en realidad hay una zona de realidad en la que coincide tal vez una causa o factor común, o una Entidad común, o un fenómeno unificado respecto de todos los fenómenos no identificados (es decir, inexplicables, anómalos, increíbles, fantasiosos, legendarios, místicos, forteanos, parapsicológicos, religiosos, ocultistas, mágicos, monstruosos, intuitivos, demoníacos, angélicos, espiritistas, históricos, fabulosos, sicológicos, etc., etc., etc.) para el paradigma tradicional de todas las culturas, incluso hasta para nuestra condición antropológica y natural. Dicho así, lamentablemente todo esto debe resultar casi incomprensible para cualquier persona. Sin embargo, ésta no es una teoría o planteamiento de mi invención – aunque pretendo introducirle importantes modificaciones innovadoras -, ya que se ha venido gestando progresiva y explícitamente desde hace más de un siglo, principalmente desde las áreas de la teosofía, del misticismo, del espiritualismo universal, de la investigación de algunos particulares en diferentes áreas, y del contactismo telepático y mediúmnico... De entre todas ellas, quiero destacar una teoría reciente que sostiene con notable síntesis y gran inteligencia una propuesta similar unificada y totalizadora de la fenomenología “ovni”, y de los fenómenos asociados que desafían nuestros más variados y “sólidos” conceptos de realidad e irrealidad. A saber, la Teoría de la Distorsión, de José Antonio Caravaca.[9] La exposición y desarrollo de su teoría está ampliamente elaborada y accesible en los medios que he citado en la nota anterior, de modo que recomiendo la lectura directa en sus fuentes, lo cual me excusa de exponerla yo, y aquí, menos fiel y sin sistematicidad. Volveremos con frecuencia a citar a este sobresaliente autor y referente tanto de la temática ufológica en particular y actual, como, en general, referente para la presentación de mi propia teoría, y para la exposición de mi experiencia personal con estos fenómenos no identificados (FNI).

Creo que con esto, lector, ya tienes bastante para digerir, de manera que acabo abruptamente aquí, y continuaré con estos temas en un próximo post

 

 



[2] Podría traducirlo sueltamente como: el “esto por eso”. El “quid” (esto) está a la vista y el entendimiento natural de ustedes, como por ejemplo si uso el término “ovni”, pero el “quo” (eso), lo que está más allá del mero término, concepto y experiencia de “ovni”, difícilmente podrán alcanzarlo, experimentarlo y conocerlo. En su momento explicaré por qué no.

[3] Por ejemplo, lo que se experimenta y se entiende como “realidad” desde las Ciencias, o desde el sentido común (realismo empírico).

[4] Vid. los diferentes artículos publicados (etiquetas: “realidad” e “irrealidad”) en mi blog Conócete a ti mismo: https://rodrigoinostrozabidart.blogspot.com/

[5] En inglés: Unidentified Aerial Phenomena.

[6] Aunque creo que la intención del gobierno norteamericano va justo en la dirección opuesta: quitar del fenómeno su carácter distintivo personal, inteligente e intencionado, para diluirlo en un mero “fenómeno aéreo” (natural) aún no explicado, entre otros fenómenos aéreos (naturales).

[8] En inglés: ETH (Extraterrestrial Hypothesis).

[9] Ver, su libro: DISTORSIÓN. Ovnis, apariciones marianas, bigfoots, hadas, fantasmas y extrañas criaturas ¿una teoría explicativa?, Amazon, 2019. Además, sus blogs: https://caravaca101.blogspot.com/y, http://caravaca.blogspot.com/

sábado, 20 de marzo de 2021

Introducción a una investigación de los límites de la Realidad

 

 

 

Introducción a una investigación de los límites de la Realidad

(Parte 1)[1]

 

 

He tomado una decisión difícil. No estoy convencido de ella, pero creo que debo ponerla a prueba. Trataré de hablar lo menos posible; no más explicaciones (meras palabras) previas; en cambio, necesito constatar qué pasa, qué pasa con este asunto, con las personas que se enteren de esto, y, especialmente, qué me pase a mí mismo... Todo lo que guarda relación con esto es demasiado abierto e incierto. Yo lo sé, y espero que pueda verse (mucho) también en el curso de esta experiencia extraordinaria…

¡Tómese en serio lo que voy a decir!... Esto no es más literatura que lo que te acontece, ¡a ti lector!, en tu vida cotidiana, si tuvieses que contarla. Esto está basado en hechos reales, igual que tu vida personal está basada en hechos reales. Me estoy exponiendo como no lo he hecho antes.

Podría comenzar literalmente de infinitas maneras. No conozco que esto tenga un comienzo… Por ello, he decidido que intervenga parcialmente el “azar”, o, como prefiero llamarla, sincronía: Después de reflexionar y recordar cuál era, sin duda, la mejor fuente testimonial y bibliográfica acerca del fenómeno de los ovnis, abrí mi primer archivo computacional en la larga columna de documentos de las publicaciones de la ya clásica y fenecida Flying Saucer Review (FSR), cuya identificación o nombre aparecía en mi notebook como “FSR 1966 V 12 N 1”[2]. Al abrir este primer archivo, me di cuenta de que no lo había leído antes. Además, antes de comenzar su lectura, decidí azarosamente que también el primer el artículo de este número sería el elegido con el cual comenzaría la aventura épica (pública) que estoy tratando de iniciar... Llevaba por título Important New England Sighting[3], por Dan Lloyd. Se trata de un resumen de dos páginas de un informe original del NICAP escrito por Raymond E. Fowler[4], y publicado en FSR por Dan Lloyd, conocido investigador y editor de temas de Ovnis. Puesto que pocas personas tendrán acceso a esa publicación, y, además, por estar escrita en inglés, ofreceré a continuación mi síntesis del resumen publicado por Lloyd.

El evento ovni ocurrió cerca de Exeter, New Hampshire, el 3 de setiembre de 1965. Aproximadamente a las 12:30 am., el oficial de policía Eugene Bertrand se acercó a una mujer estacionada en la circunvalación de Exeter-Hampton, quien le contó con excitación que había sido perseguida por un objeto volador que estaba rodeado de un brillante resplandor rojo, y que se había abalanzado sobre su coche varias veces.[5] Aproximadamente media hora después de este evento, Norman Muscarello, de dieciocho años, estaba caminando por la ruta 150 a unos tres kilómetros de Exeter, tratando de conseguir un aventón a la ciudad. De repente, se alarmó al ver un objeto con al menos cuatro luces rojas pulsantes extremadamente brillantes emerger de los bosques cercanos. Se cernió sobre una casa perteneciente a Clyde Russell; mientras el asustado joven se agachaba detrás de un muro de piedra que bordea el campo, el objeto a su vez parecía acercarse a él. Sus luces eran tan brillantes que la casa de los Russell estaba bañada en un resplandor rojo. El objeto parecía tener unos 24 a 27 metros de largo, y era completamente silencioso. Luego se alejó y desapareció detrás de unos árboles. Muscarello intentó despertar a los ocupantes de la casa de Russell golpeando en la puerta, pero, pensando que el joven estaba borracho, se negaron a abrir la puerta. Muscarello finalmente se dio por vencido, y se dirigió a la comisaría de Exeter.  Muscarello informó del incidente al oficial de guardia Reginald Towland sobre la 1.45 a.m. Estaba blanco de miedo y apenas podía hablar. El agente Bertrand fue llamado a la estación, y recogió a Muscarello para regresar con él a la escena del incidente. Ya en el lugar, mientras el oficial de policía movía su linterna de un lado para otro, Muscarello avistó el objeto que se elevaba lentamente desde atrás de unos árboles cercanos. Bertrand se giró y vio un objeto grande y oscuro que llevaba una fila recta de cuatro luces rojas pulsantes extraordinariamente brillantes entrando en el campo a la altura de los árboles. Pasó por encima de un árbol de 21 metros, y se acercó a menos de 30 metros de ellos.[6] Instintivamente, el oficial Bertrand echó mano de su revólver, pero, pensándolo mejor, le gritó a Muscarello que se pusiera a cubierto en el coche.[7] Bertrand inmediatamente hizo una llamada por radio a la central para pedir ayuda.[8] El oficial David R. Hunt llegó en pocos minutos y, juntos, observaron que el objeto se alejaba más allá y por debajo de la línea de árboles. En su informe, Bertrand agregó que el reflejo del cuerpo del objeto causó un efecto de halo a su alrededor. Los testigos no escucharon ningún sonido, ni siquiera a corta distancia, pero aparentemente los animales en un granero cercano sintieron algo que los asustó, porque relincharon y patearon sus establos. Un perro ladró furiosamente.[9] No se notó ninguna interferencia en la radio de la policía ni se vieron afectadas las luces ni el encendido del coche patrulla. En el campo no había marcas de quemaduras o hendiduras. Sumado a esto, un hombre no identificado e histérico trató de llamar a la policía durante la madrugada para informar de un ovni. Llamó a la operadora y pidió alteradamente que lo pusiera en contacto con la policía, ya que había sido perseguido por un "platillo volador". Antes de que la llamada pudiera ser transmitida a la policía, la conexión telefónica se cortó. Ni el hombre ni la estación de pago pudieron ser localizados posteriormente. Después de que la policía informara del incidente a la Base de la Fuerza Aérea de Pease, en Portsmouth, un mayor de la USAF y un teniente, ambos en uniformes, llegaron e interrogaron a los policías. Después de un intenso interrogatorio, se les pidió que ocultaran el avistamiento para no alarmar a la población local. Pero era demasiado tarde, porque varios periodistas ya se habían hecho con la historia. Al interrogar a los oficiales de policía, el equipo de la USAF estaba particularmente interesado en el tamaño y la forma del objeto, y si las gallinas de un campo cercano se habían alarmado durante el avistamiento. Por varias semanas antes de los avistamientos la policía había recibido informes de personas que decían que su casa de repente se había iluminado con un resplandor rojizo después de haberse acostado, pero no se vio ningún objeto… Hasta aquí la narración de Dan Lloyd en FSR.

Norman Muscarello, junto a los dos policías (de pie) que participaron en el EC-II. (Foto.)

 

Con ingenuidad supuse que me encontraba ante un caso sólo rescatado por esta revista, pero mi sorpresa fue grande cuando, después de pasearme investigando por internet – como de costumbre -, hallé un revuelo ya histórico con el así bautizado “incidente Exeter”. ¡Era un caso emblemático de la ufología y yo no lo conocía!... Reuní bastante información, y armé mi propio dosier, con la sensación de que este nuevo evento no hacía más que reforzar mi intuición sostenida por años de que me sigo adentrando en un terreno demasiado inabarcable, y hasta desconcertante y peligroso para mí. La segunda sorpresa fue constatar que el caso sigue siendo, en lo medular y resumido, precisamente lo narrado por Lloyd,[10] y que los abundantes argumentos escépticos son – como de costumbre en el tema ovnis - sólo pinceladas superficiales, positivistas y racionalistas, que nunca abordan la complejidad, la singularidad y profundidad del fenómeno, como un fenómeno que, a todas luces en la experiencia de quienes la viven, supera y trasciende – sobrecogedora y hasta brutalmente - la realidad misma  y la condición humana.[11]

En el incidente Exeter, pues, nos enfrentamos a un caso sobresaliente de Encuentro Cercano del segundo tipo (EC-II), según la denominación poco precisa, y actualmente ya modificada, de Hynek.[12] No hay ninguna razón seria y debidamente justificada para dudar de la autenticidad de las experiencias de sus participantes.[13] Yo no soy un creyente ortodoxo e inflexible en la realidad del fenómeno ovni, ni en la información que circula al respecto, aunque sea de primera fuente, o incluso considerada confiable. Tampoco soy un escéptico, obviamente, ni comparto una visión exclusiva o predominantemente científica -aunque siempre la integro -. Mi formación y actividad filosófica y filológica me han dejado una impronta crítica y analítica que me acompaña irrestrictamente en todo, y en toda forma de conocimiento – hasta en las más validadas y autorizadas -. A cambio, podría definir mi enfoque y método como abierto, holista y ecléctico, lo que acaba llevándome casi siempre a una visión independiente y personal de las cosas y las materias de estudio.[14]

Definido esto, me propongo a continuación dejar lanzadas algunas cuestiones no sistemáticas acerca del incidente Exeter, pero, sobre todo, acerca de ciertos asuntos trascendentales, hacia los que necesito progresivamente encaminarme en el futuro.

 

I.             Las personas que participaron en el avistamiento son personas normales, promedio en la sociedad norteamericana de la época, incluso con la participación de dos oficiales de policía, a quienes se considera, desde un punto de vista social – EEUU año 1965 - altamente confiables.[15]

Este es un punto que ha sido observado como patrón o constante, por muchos investigadores del tema ovni. No existen prácticamente experiencias de EC en personajes destacados – en cualquier ámbito -, ni públicos. En cambio, sería difícil establecer un recuento de los muchos millones de EC que han ocurrido sólo en nuestra época, a partir del caso Arnold (1947) en adelante.[16] Considero que este patrón es consistente con el hecho ya casi innegable de la voluntad (propósito, o lo que sea) de sus ocupantes (seres inteligentes) de no manifestarse ni abierta, ni pública, ni oficialmente ante la Humanidad, ni ante nuestras autoridades, líderes, representantes, medios de comunicación, etc., pero sí masivamente a la población mundial, a través de experiencias personales y grupales bien controladas y acotadas.[17] Con todo, las grandes preguntas: ¿Qué son?, y ¿Qué hacen aquí?, permanecen tan abiertas y desconcertantes como en un principio…

 

II.           Al parecer, ninguno de los experimentadores del caso Exeter había vivido antes al menos un EC-I.

Las personas que no han vivido experiencias previas de EC demuestran generalmente una respuesta emocional muy alterada en su primer EC, independientemente de si hayan creído o no previamente en la realidad del fenómeno ovni. Esta respuesta alterada se debe casi siempre a que esta experiencia – en todos sus aspectos - rompe (no coincide con) las estructuras cognitivas y sicológicas, y hasta el sentido de realidad, de las personas experimentadoras.[18] Por lo mismo, es esperable que una persona se condicione escéptica y negadoramente respecto del fenómeno ovni en conjunto, antes de experimentar por sí mismo al menos un EC-II. Existe un verdadero abismo ontológico – y total - entre una persona que ha vivido una experiencia de EC-II, y más, respecto de alguien que no ha experimentado nunca al menos un EC-I.[19] Además, las consecuencias y efectos sobre la vida personal del experimentador (EC) son generalmente decisivos y fuertemente determinantes para su vida posterior.[20]

 

III.          Tanto la mujer conductora, así como Norman Muscarello, señalan que el ovni se comporta con ellos (acercándose y alejándose) de modo intencionado y dirigido (hacia ellos).

Nosotros, como observadores, investigadores, experimentadores, o en el aspecto que sea, sólo tenemos una percepción superficial, antropogénica y distorsionada de los “ovnis”, de los “tripulantes” de los ovnis (o “alienígenas” cuando se aparecen), y, en conjunto, de la experiencia completa de todo EC. Usamos todas nuestras facultades y capacidades humanas para experimentar el Fenómeno, y para procesarlo mental y cognitivamente, tratando de conocerlo y definirlo, a pesar de que nos supera en un nivel abismante e inconmensurable. Por otra parte, ELLOS parecen conocer íntegramente nuestra condición – mucho más que nosotros a nosotros mismos -, de manera que actúan condescendientemente[21] con la Humanidad y, en general, con las personas, aunque su naturaleza y sus intenciones más propias sean inalcanzables para nosotros.

 

IV.          El ovni utiliza luces rojas y movimientos espaciales y aerodinámicos como estímulos de percepción y de mente para los experimentadores humanos, como medios de comunicación unidireccional (hacia los experimentadores humanos), y como elementos vivenciales (para los experimentadores humanos).

Aunque el Fenómeno utilice estas formas y recursos accesibles y familiares para las personas, al igual que en todos los ECs reportados a través de la Historia, igualmente presentan alteraciones tan ostensibles respecto de los ya conocidos por los experimentadores, que probablemente no cumplan más que – o sobre todo - con una función de “puente”[22], acercando y alejando al mismo tiempo tanto a la Entidad como a la persona humana en una experiencia interdimensional (EC), o punto focal de encuentro (espacio-tiempo) de dos realidades radicalmente diferentes. La experiencia personal y síquica que conlleva este tipo de EC para las personas experimentantes es tan excepcional y tan límite de la realidad y de la condición humana, que por sí mismo es un aspecto del Fenómeno hasta ahora ignorado y descuidado.[23]

Mi hipótesis personal es que todo evento de EC es cuidadosa y completamente intencionado y configurado por las Entidades – antes, durante y después del evento -, mucho más allá de lo que como humanos somos capaces de hacer y hasta de concebir, incluso como irreal e imposible.

 

Estoy claro de que hasta aquí ya he propuesto demasiadas vaguedades, puros fuegos de artificio intelectuales, y que las personas generalmente necesitan detalles, precisiones, explicaciones minuciosas y accesibles, pruebas, argumentos, información, respaldos, confirmaciones, autoridades, etc., para comprender suficiente y consistentemente lo que se les quiere enseñar, y mucho más todavía para aceptarlo. En ese sentido, lo que acabo de exponer resulta inadecuado y débil. Incluso pudiera parecer que no va a ninguna parte; que todo ha sido un pie forzado, desorganizado, inconsistente y sin sentido. Lo es desde la perspectiva de un lector inadvertido, y lo asumo como un defecto necesario. Sin embargo, hacia donde quiero dirigirme no existen razones sustentadas lógicamente, ni evidencias, ni pruebas empíricas o científicas, ni conocimientos válidos y ciertos. Si los hay, están siempre subordinados a una experiencia límite y primaria para la mente humana. Si los hay, y los logro transmitir, será sólo el efecto colateral de un intento de aproximar a nuestros modos naturales de conocimiento la exploración original de la extraña realidad en la que me encuentro investigando. Por ello, debo concluir, apelando a su intuición y buena voluntad: ¡Todo está por verse!...



[1] Esta Introducción será publicada en 2 partes.

[2] La revista Flying Saucer Review, año 1966, volumen 12, número 1. En mi notebook los archivos no siguen un orden cronológico estricto, sino de otro tipo.

[3] “Importante avistamiento en Nueva Inglaterra” [T. del A.] Ibid., pp. 3-4.

[4] “Este relato ha sido condensado a partir de una copia de un informe enviado a la FLYING SAUCER REVIEW por el presidente del subcomité del NICAP de Massachusetts, RAYMOND E. FOWLER. El original del informe fue enviado a la oficina general del NICAP en 1536 Connecticut Avenue, N.W., Washington D.C., 20036. Un modelo de investigación objetiva, el informe ofrece una interesante visión de los modos de trabajo del NICAP. Por desgracia, es demasiado largo para presentarlo aquí en su forma original, pero cabe destacar que una versión del informe, con los debidos reconocimientos a R.E. Fowler, apareció en el SUNDAY TELEGRAPH del 3 de octubre de 1965.” Ibid., p.3 [T. del A.]

[5] La versión extendida de este relato, en Fuller (1977, 10), agrega: “Cuando ella llegó al paso superior, [el objeto] se elevó a una tremenda velocidad y se perdió entre las estrellas.” [T. del A.]

[6] Fuller (1977, 11) precisa: “Vino hacia ellos como una hoja flotando desde un árbol, tambaleándose y dando bandazos mientras se movía. Toda el área estaba bañada por una luz roja brillante. Los costados blancos de la casa prerrevolucionaria de dos pisos de Carl Dining se pusieron de color rojo sangre. La casa de Rusell, a unos 91 metros de distancia, se puso del mismo color.” [T. del A.] Los informes independientes de Muscarello, y del policía Bertrand (a la Fuerza Aérea), agregan en Hynek (1977, 158-159) que las luces siempre se movieron en un ángulo de 60°. Además, en el informe de Bertrand (Ibid.) se lee: “Cuando el objeto se movía, las luces inferiores siempre estaban delante de las demás.” [T. del A.]

[7] En el informe del oficial Bertrand, en Hynek (1977, 159), se lee, además: “En un momento, estuvieron tan cerca que me dejé caer al suelo y comencé a sacar mi arma.” [T. del A.] No obstante, Hynek (ibid.) precisa que el policía Bertrand le reveló, cuando echó mano a su revólver, “que Muscarello le gritó: ‘¡Dispárale!’, pero pensando que esto era imprudente, lo guardó, y le gritó a Muscarello que se cubriera dentro de la patrulla […] temía que los dos fueran quemados por las luces cegadoras acercándose a ellos.” [T. del A.]

[8] Después de esta llamada, según Hynek (1977, 11), el oficial y Muscarello siguieron observando el objeto: “Se balanceaba de un lado a otro sobre su eje, todavía absolutamente silencioso. Las luces rojas pulsantes parecían disminuir de izquierda a derecha, luego de derecha a izquierda, con un patrón de 5-4-3-2-1, luego 1-2-3-4-5, cubriendo alrededor de dos segundos cada ciclo. Era difícil distinguir una forma definida a causa del brillo de sus luces. […] Su movimiento era errático, desafiando todos los patrones aerodinámicos convencionales. ‘Se disparaba’, dice Bertrand.  ‘Podía girar en [el espacio de] una moneda de diez centavos, luego se frenaba’.” [T. del A.]

[9] Fuller (1977, 11), dice, en cambio: “Perros en las casas cercanas comenzaron a aullar.”

[10] Los mejores textos complementarios parecen ser: Fuller, John G., Incident at Exeter (1966), y, secundariamente, Hynek, J. Allen, The Hynek UFO Report (1977).

[11] Un botón de muestra de un pobrísimo abordaje desde una perspectiva escéptica en relación con el incidente Exeter, ver McGaha y Nickell, ‘Exeter Incident’ Solved!, Skeptical Inquirer, November / December 2011, Volume 35, Issue 6, pp.16-19.  En alguna publicación futura me haré cargo del interesante y discutible fenómeno del escepticismo desde diferentes puntos de vista y manifestaciones, no sólo en lo relativo a los ovnis.

[12] Si bien, Hynek (1977, 154) lo califica tímidamente como EC-I, aunque la interacción entre el ovni y los diferentes experimentadores se reduce por momentos a unos 30 metros aprox. (y menos), y diferentes animales experimentan gran inquietud y alteración de su comportamiento. No se trata simplemente de un caso de avistamiento de luces a la distancia y sin interacción directa y próxima.

[13] No me hace sentido hacerme parte de la discusión inagotable en torno a este caso. Existe abundante literatura e información al respecto. Por ahora, me interesa presentar someramente ciertas cuestiones principales que superan la discusión específica acerca de este u otro caso en particular, y que me permitirán ir desarrollando progresivamente los asuntos de fondo, manifiestos y capitales que deseo comunicar.

[14] También tengo la intención de compartir en próximas publicaciones mi experiencia y aventura personal del conocimiento, a través de mi itinerario de vida.

[15] Considérese que el hombre que llama descontroladamente a la operadora y luego cuelga el teléfono es, con total seguridad, si no un experimentador real en el mismo incidente Exter, al menos un indicio evidente de los millones y millones de seres humanos que experimentan un EC, y que lo guardan en el más completo anonimato.

[16] El tema de la masividad, de la variada tipología y de la compleja fenomenología de los ECs será abordado en futuras publicaciones.

[17] Las teorías e informaciones relativas a contactos y acuerdos extraterrestres con gobiernos, grupos o instituciones humanas son tema complicado y espinudo que abordaré en próximas publicaciones.

[18] Este sentido de irrealidad – al igual que una suerte de parálisis cognitiva y sicológica - caracteriza a los EC-II, y en los ECs mayores, incluso cuando la persona ha vivido ECs varias veces con anterioridad. Es un tema casi ignorado por los investigadores, y que trataremos en futuras publicaciones.

[19] Ningún ufólogo, científico, escéptico, persona común tiene la más mínima idea de lo que está hablando u opinando en relación con el Fenómeno, si no ha experimentado por sí mismo un EC-II, y más. Esto puedo garantizarlo y afirmarlo tan categóricamente ciertamente a partir de mi propia experiencia personal con el Fenómeno, a la cual me referiré en futuras publicaciones.

[20] Cuestión importantísima, de la cual se desentiende la mayoría de los ufólogos e investigadores. Creo que John E. Mack ha sido el investigador – desde su condición de siquiatra – más sensible y lúcido respecto de esta dimensión, específicamente en las experiencias de abducción (EC-IV).

[21] Este carácter condescendiente no debe ser entendido como una condición necesaria en su encuentro con los individuos y la Humanidad. Volveré sobre este punto en un futuro.

[22] Los ovnis representan a su vez otro puente (medio), específico e intermedio, para acercar-separar a “alienígenas” (tripulantes), de humanos.

[23] Las ciencias y teorías de la mente de la Humanidad actual están tan ajenas en su cosmovisión y saber a este tipo de realidades mentales y extramentales (incluida la dimensión física no convencional), que, o bien dejan abandonados a su suerte a los experimentadores de ECs, o bien los descalifican y reducen a sus estrechos (cerrados) esquemas de realidad y conocimiento. Esta situación pobre y reduccionista se extiende, además, a múltiples áreas de conocimiento y opinión asociadas a este tipo de eventos, tales como fuerzas armadas, periodismo, instituciones gubernamentales y políticas, credos religiosos, científicos, instituciones académicas, etc., que reaccionan de diferentes maneras inadecuadas frente a estos fenómenos y aspectos de la realidad. Hynek (1977, 165s) llega a una conclusión similar: “Así, cerramos el archivo del Libro Azul sobre Encuentros Cercanos del primer tipo: casos tan extraordinarios que son reales sólo para la persona que ha experimentado uno, al igual que la nieve es real para un habitante de los trópicos sólo después de haberla experimentado viajando a latitudes del norte. La diferencia, por supuesto, es que la ciencia acepta la nieve; los ovnis, no lo son. Pero al no tratar con la evidencia, el estamento científico, como el Pentágono, está en realidad admitiendo que no tiene explicación.” [T. del A.]

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    He decidido hacer un cambio drástico en este blog. [1] Hace dos años y medio que no publicaba aquí. En el ínterin, cosas de gran impo...